Bajo el filtro verdiblanco
Muchos son los refranes sobre las elecciones, los gustos y los colores. Cuando te pones la camiseta de tu equipo, sus colores traspasan su tejido y se apoderan de ese músculo que lo alimenta todo. Nuestro corazón verdiblanco.
Ya sea por tradición familiar, por apego a la “tierruca” o por la razón que cada uno escoja, cuando uno es del Racing, lo es para siempre.
El fútbol no entiende de miradas caleidoscópicas. Los colores y el amor a un club permanecerán siempre y ese filtro teñirá la realidad con nuestros colores. Una realidad que ha llevado a un club histórico y centenario a celebrar el ascenso a una categoría que hace poco detestaba, como si de una final de la máxima competición europea se tratase.
Los gustos, los colores, son así. Muchas veces no se eligen, y cuando se han apoderado de ti, los elegirías una y mil veces, a pesar del sufrimiento que conllevan.
Muy poco importa si el partido fue bueno o malo. La afición pasea por las calles de nuestra hermosa ciudad con una sonrisa verdiblanca de oreja a oreja. Pudieron ser villanos, pero hoy, nuestros futbolistas, cuerpo técnico y directivos son héroes, y como tal, pasarán a la historia.
Este maldito deporte se diferencia de otras artes porque no necesita de belleza para ser admirado. Tampoco entiende de intelectualidades o de clases sociales, el fútbol es mucho más que un deporte y tu equipo es mucho más que once valientes corriendo en calzones. El fútbol es pasión, sentimiento y colores.
No era el mejor escenario, ni la mejor hora ni el mejor rival. Quizá tampoco fue la mejor versión de nuestro propio equipo, pero después de meter todos esos componentes en nuestra batidora racinguista, solo hubo que añadir un poco de verde y blanco para que el resultado fuese un día inolvidable.
Despídanse de Lucifer peloter@s, abandonamos el infierno.
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Author: Raúl Azcona
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